Cría
de ranas: Manejo de los renacuajos y reproductores
En la cría de ranas, hay tres
aspectos que son básicos y fundamentales. Una es la instalación
del ranario, de suma importancia a la hora de efectuar un efectivo
proceso de engorde. Los otras dos cuestiones a tener en cuenta son
el manejo y la alimentación.
Un buen manejo reproductivo puede
ser la diferencia entre tener un criadero rentable y disfrutar de
una actividad entretenida. El matrizario o sector de los
reproductores (animales sexualmente maduros) es decir no menos de
seis meses de edad, es el lugar de donde salen los huevos que
proveen los individuos pobladores de todo el ranario e inclusive
los animales que se destinen a la venta.
Es conveniente que con los
reproductores siempre trabaje la misma persona para evitar que los animales se sientan molestos por la entrada de
desconocidos al área y sufran estrés, que puede actuar en contra del
apareamiento entre machos y hembras impidiendo que se produzca el amplexo (abrazo sexual del
macho). Cuando se ingresa al sector de reproductores, se debe aprovechar para controlar la circulación del agua y, si se está en época de desove (desde principios de octubre hasta principios de abril) vigilar si hay huevos. Por supuesto, si se trabaja con ambientes controlados donde el agua es cálida, los periodos de postura pueden alargarse. La fertilización de los óvulos o huevos es externa.
En algunos establecimientos se realiza una hoya de poca profundidad en la que hay agua, en la cual corren
libremente los reproductores; alrededor se colocan recipientes plásticos (cajas de eclosión), donde la hembra deposita los
huevos.
Para asegurarse de que ocurran los apareamientos esperados, de modo que se dé la provisión de filiales necesaria, conviene tener en cuenta
algunas consideraciones:
a) La densidad está estimada en una pareja por metro cuadrado. La relación puede elevarse a 2 o 3 hembras por cada macho, sacrificando con esta opción un porcentaje
en el índice de fertilidad por el lógico desgaste del macho.
b) Correcta elección de los integrantes del sector, es decir, del plantel de reproductores, desde el punto de vista fenotípica
(lo que se ve a simple vista). Evidentemente, el ranicultor debe realizar una selección permanente eligiendo ejemplares que posean buen tamaño, buena conformación y adecuada conversión alimenticia, entre otras características que se
aprecian con sólo observar a los animales, pero que dependen del genotipo (composición genética de cada individuo).
c) Si bien las ranas adultas tienen una larga vida útil, estimada entre 2 y 3 años (sobre todo en el caso de las hembras) se debe controlar su trabajo, puesto que transcurrido este periodo la postura comienza a declinar y se torna antieconómico mantener una hembra que no produce.
Las instalaciones utilizadas habitualmente, que intentan reproducir el hábitat natural de la especie, no se
ensucian demasiado, pero de todas maneras es aconsejable estar atento a la contaminación del agua.
El sector donde va a ocurrir la aparición del renacuajo también requiere de un manejo cuidadoso. El operario reconoce las desovas a simple vista como diminutos cuerpos redondeados, formados por una semiesfera oscura y otra clara y agrupados mediante una
sustancia incolora -que es la que los fecunda- similar a la de la clara de huevo. La recolección de las desovas, para ser trasladadas al sector de eclosión, se debe realizar cuando la
sustancia que envuelve los huevos se encuentra hidratada y al tocarla no se adhiere a los dedos (no está pegajosa).
Las desovas se recogen de las piletas utilizando directamente las cajas de eclosión. El ambiente donde se van a mantener los huevos debe ser cálido (con una temperatura que no supere los 30 grados centígrados). Transcurridas 24 horas de puesto el huevo, la parte oscura debe
estar hacia arriba y la forma debe ser "arrillonada", entre las 48 y 72 horas su imagen es la de un bastón. A partir de aquí comienzan a nacer los renacuajos y al cabo de 10 días, aproximadamente, son
liberados en las piletas correspondientes.
El manejo del sector de renacuajos se
basa en una selección periódica de los animales tratando de mantenerlos agrupados por tamaño. Las medidas y los materiales de las piletas son a
elección del productor, pero siempre deben estar impermeabilizadas y tener un
mínimo declive en el fondo para facilitar su desagote y limpieza. En la
construcción de cada pileta se debe prever la instalación de una canilla por la que caiga permanentemente un finísimo chorro de agua que contribuya a la
oxigenación. Por otra parte no es aconsejable que las piletas posean demasiada
cantidad de agua para que la temperatura entre el fondo y la superficie sea más o menos pareja.
En establecimientos ranarios se construyeron paredes de
ladrillo hueco, de 2 metros de ancho por 3 metros de largo y 80 centímetros de
profundidad. Mientras los renacuajos todavía son chiquitos no
requieren mucho espacio, en cambio a medida que crecen la densidad cobra importancia,
llegando a ser necesario un litro de agua por cada imago (rana
joven). A medida que las ranitas van creciendo y adquiriendo fortaleza van
saliendo por sus propios medios ¿e los receptáculos hacia las trampas de recolección.
El tiempo que requiere un renacuajo para convertirse en rana y poder pasar al sector siguiente puede estimarse entre tres meses y medio y cinco meses, pero en realidad es un aspecto que está directamente relacionado con la temperatura del agua. En líneas generales
se puede decir que a mayor temperatura, mayor velocidad de transformación. La temperatura ideal en este sector gira alrededor de los 25 o 26 grados centígrados, con una humedad relativa superior al 60 por ciento.
Los reproductores deben estar bien alimentados, porque producir las gametas necesarias para la
formación de miles de embriones requiere un importante desgaste
metabólico. En el matrizario se les debe poner comida fresca
diariamente, en el borde de la olla, de modo que salgan a comer y ensucien
el agua lo menos posible. Tanto en el caso de los renacuajos como en el de los
imagos, se le debe dar de comer 6 o 7 veces durante el día.
Conviene recordar que el consumo de alimento va decreciendo con la aparición del tiempo frío, llegando a ser suficiente un suministro de apenas 2 o 3
veces al día. En época invernal, con temperaturas inferiores a 12 grados centígrados, fuera del "horario de comida" los animales se ven aletargados en el fondo de las piletas y hay poco crecimiento. Algo importante de
destacar es que los animales jóvenes únicamente comen alimento en movimiento; por lo tanto, para que se adapten al alimento balanceado se lo mezcla con un porcentaje de larva de mosca.
El imago, al querer atrapar la larva, se lleva a la boca el balanceado adherido a la lengua. Al comienzo se utiliza un porcentaje de
larvas que oscilará entre el 10 y el 20 por ciento, luego, a medida que la rana se desarrolla y se acostumbra a ir al. alimento casi por reflejo, la proporción va
disminuyendo hasta llegar, prácticamente, a eliminar el suministro de larvas. En general, los reproductores no presentan problemas para consumir el
balanceado solo, no así los animales en engorde que sí requieren de las larvas para incentivar su instinto cazador de insectos y así ingerir el
balanceado.
Autora: Mariel Tibau Martinez